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viernes, 28 de agosto de 2009

La mirada de Don José

Esta es una historia de un Sr. que conocí en un pueblito hace tiempo, cuando mis papás me llevaron de viaje en las vacaciones largas, ya no me acuerdo cuantos años tenía, pero si sé que muchos... muchos, me acuerdo muy bien de este Sr. que se llamaba José, el era muy humilde y tenía una mirada muy bonita, cuando uno lo veía es como si fuera nuestro abuelito o pariente, miraba con mucha ternura, como si quisiera abrazarnos, no sé porque miraba tan bonito ni qué es lo que veía cuando lo hacía... porque parecía que mirara más, no sé bien como explicarlo, solo recuerdo muy bien lo que me hacía sentir y era mucho cariño, mucho amor.

El contaba historias todo el tiempo, cuando detenía su trabajo y nosotros o cualquiera se acercaba a escucharlo, el estaba dispuesto a sentarse sobre una piedra y ahí mismo empezaba a contarnos alguna historia, nunca sabíamos si era algo que recordara que había vivido o lo estaba inventando, pero la verdad no nos importaba averiguarlo, pues siempre había sorpresas en sus historias y siempre había como mensajes ocultos que nos dejaban pensando, a todos aunque unos más grandes que otros, siempre nos íbamos pensando en lo que había dicho Don José, así le llamaban en el pueblo.

El tenía mucha familia, creo que hasta biznietos, pero muchos ya no vivían ahí, otros habían muerto, tenía de todo en su familia, algunos estudiaron y se fueron y otros se fueron para estudiar, otros solo se fueron a buscar trabajo, otros se casaron y se fueron, pero el caso es que muchos de ellos ya no estaban ahí, realmente Don José estaba muy solita, tal vez por eso es que nos adoptaba a nosotros para platicar, pues no tenía con quién hacerlo.

Nos gustaba mucho ir y sentarnos a escucharlo, muchos en el pueblo también lo tomaban como viejo loco... que inventaba historias, pero muchos también como nosotros nos encantaba estar cerca de él, nos hacia soñar, imaginarnos mil cosas, casi a diario en las noches yo soñaba con algo que el me había contado y bueno luego también le agregaba yo parte de mis sueños... así que el me ayudaba a soñar.

Aún recuerdo algunas de sus historias... pero lo que más recuerdo es su mirada, cada que no puedo dormir... traigo a mi mente su mirada, me siento tan bien cuando lo hago, me siento como protegido, querido, es extraño ¿no? alguien que ni de mi familia es... pero es como si todo su amor lo pusiera en su mirada y lo diera a quien estaba dispuesto a escucharle.

Les voy a contar una historia que aún recuerdo... dice que hace mucho tiempo vivía ahí una viejecita que a diario recorría un gran camino para poder llegar al pueblo ella traía a diario dos vasijas en ellas llevaba agua para hacer su comida, pero una de ellas estaba rota y entonces llegaba la mitad del agua que había puesto ahí, la otra en cambio estaba perfecta... dice Don José que esta viejita tenía la capacidad de hablar con los objetos y animales, así que un día la vasija rota... estaba muy triste y la viejita le preguntó porque estaba así, la vasija rota le explicó que se sentía muy decepcionada y avergonzada porque a diario tiraba agua cuando hacían su recorrido y sabía que su dueña la viejita necesitaba llegar con esa agua, que no era su intención tirar el agua pero que por más que cada día se determinaba a no tirar nada.... al llegar llegaba solo con la mitad, le pidió que mejor la tirara porque ya no servia para nada. La otra vasija al escuchar la historia se rió y dijo es cierto, es mejor que la tires ya no sirve para nada, solo hace más que hacerte perder tu tiempo.

La viejita... se quedó viendo con mucho amor a la vasija rota y le dijo con mucho amor en sus palabras, mira vasija tu intención no es tirar agua y tu esfuerzo ni el mío están tirados... pues lo que hacemos es con la mejor voluntad y cuando es así nada se desperdicia, al contrario sin saber donde nuestro esfuerzo se ve recompensado en algún lugar... y ahora mismo te voy a mostrar.

Tomaron el camino de regreso y le mostró como el camino que recorrían a diario de ida al pueblo y exactamente del lado en que la vasija iba, estaba lleno de bellas flores. La viejita le explicó que al ver que se tiraba parte del agua decidió sembrar algunas floreritas y que cada día que pasaban por ahí, servía esa agua de la vasija rota para regarlas y embellecer el camino.

La vasija rota quedó muy sorprendida, sonrió felizmente, se sintió tan útil, tan contenta de haber ayudado para que esas flores estuvieran así de bellas. La vasija ahora cada día que iba tirando agua sabía que era para alimentar y se sentía feliz por ello.

Ahora cada vez que veo a alguien que cree o siente que no sirve para nada... pienso en este cuento y se lo cuento, porque sé muy bien, que cada uno de nosotros servimos para algo y para algo muy bello.

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